jueves, 21 de noviembre de 2024

La madre de todas las reformas: la jefatura del estado















Introducción

El jefe de estado, si no es presidente electo de una república presidencialista, suele ser una figura de prestigio con gran autoridad moral acumulada a lo largo de una vida profesional de servicio a su país. Sobre todo es el caso en las monarquías constitucionales o parlamentarias, donde el soberano se prepara prácticamente desde su nacimiento para ejercer exclusivamente este cargo, como en España. Su posición es en absoluto envidiable, ya que por un lado se le atribuye cierta autoridad moral y se le exige que ejerza de inspirador y guía casi espiritual, pero por otro lado carece totalmente de herramientas legales que le permitan cumplir estas expectativas.

En caso del rey de España, S.M. Felipe VI, hemos sido testigo los últimos años de varias situaciones que clamaban por su intervención, pero no pudo por impedimentos constitucionales. Estas son por ejemplo la investidura del último gobierno de Pedro Sánchez que necesita apoyarse en algunos partidos políticos separatistas que se consideran enemigos de España, la aprobación de la ley de amnistía, que permite a varios políticos librarse de una posible condena por sendos delitos contra la seguridad nacional con una enorme mayoría de españoles en contra y recientemente la total ausencia del estado los primeros días de las inundaciones causadas por la gota fría del 29 de octubre de este año, dejando a la población local a su suerte y que ha cobrado por ahora la vida de unas 220 personas.

La inexistencia de poderes reales del jefe de estado se fundamenta en la doctrina de que el poder ha de estar exclusivamente en manos de cargos electos democráticamente. Sin embargo, la experiencia nos está enseñando que el jefe de estado puede ejercer un papel clave cuando el poder político, a pesar de fundamentarse en un régimen democrático, no funciona como debe o llanamente obra en contra de los intereses del estado o de sus ciudadanos. En concreto hay tres ámbitos que podrían precisar de la intervención del jefe de estado en tiempos de crisis, los cuales son:

  • La separación de poderes.
  • La gobernabilidad del país.
  • La seguridad e integridad del territorio. 

La separación de poderes

El papel del jefe de estado en la separación de los poderes se analizó ampliamente en https://jfbakker.blogspot.com/2024/09/la-madre-de-todas-las-reformas-el-poder.html. Sus conclusiones son:

  • Los cargos en el Tribunal Constitucional (TC) y el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) serán vitalicios.
  • En caso de vacante los demás miembros de dichos organismos elijen a tres candidatos entre sus compañeros de acreditada experiencia, conocimiento y mérito.
  • El jefe de estado toma la decisión final eligiendo a uno de los tres candidatos propuestos.

La gobernabilidad del país

A pesar de que España tenga gobierno, al publicar este artículo el país realmente está en situación de ingobernabilidad: este gobierno necesita el apoyo parlamentario de algunos partidos políticos que son declarados enemigos de España, se han aprobado algunas leyes con una mayoría de los ciudadanos en contra y que además van en contra de los intereses de España, el gobierno está ausente cuando más se necesita y algunos ministros y ex ministros están investigados (antaño imputados) por la justicia. Lo mejor sería que este gobierno dimitiese y se convocasen nuevas elecciones.

El problema es que en el actual ordenamiento jurídico nadie pueda obligar al presidente de gobierno a convocar nuevas elecciones generales, al ser ésta competencia exclusiva suya; en tales circunstancias se echa en falta un jefe de estado con las competencias suficientes como para desbloquear el callejón sin salida parlamentario convocando nuevas elecciones.

En general la intervención del jefe de estado conviene en cualquier situación de bloqueo. Tales bloqueos pueden ocurrir en la formación de un nuevo gobierno por falta de apoyo parlamentario, una vez que el gobierno esté funcionando, pero al final resulta carecer del apoyo parlamentario suficiente como para aprobar las leyes que se necesiten, o en caso que el presidente del gobierno quede investigado por la justicia por delitos supuestamente cometidos en el desempeño de su cargo. El jefe de estado debería tener las siguientes competencias:

  • Mediar entre las diferentes fuerzas parlamentarias para que lleguen a acuerdos.
  • Rechazar tomar juramento a nuevos gobiernos que necesiten del apoyo de fuerzas parlamentarias contrarias al interés general de España.
  • Despedir al gobierno de turno y convocar nuevas elecciones en situaciones de bloqueo parlamentario.

Sobre todo la última es una competencia muy potente que conviene regular. Evidentemente el jefe de estado se abstendrá de utilizarla si el gobierno goza de una mayoría parlamentaria estable sin necesitar a partidos políticos contrarios al interés general de España, entendiendo que dicha mayoría parlamentaria ya se puede conseguir con un solo escaño de diferencia. Obviamente habría que definir con precisión el término “contrario a los intereses de España” en una nueva ley de partidos políticos. Por lo demás, la competencia de convocar elecciones debe estar plenamente a la disposición del jefe de estado así que falte mencionada mayoría parlamentaria estable.  

La seguridad e integridad del territorio

El catástrofe de la gota fría del pasado 29 de octubre en Valencia es un claro ejemplo de una situación en que las fuerzas de seguridad tendrían que haber estado desde el primer momento, pero no estaban, esperando órdenes de la ministra de defensa que no llegaban y ésta a su vez esperando una llamada de auxilio de la generalidad de la Comunidad Valenciana que tampoco llegaba porque nadie se dio cuenta que estaba ocurriendo una tragedia. S.M. el Rey Felipe VI sí se dio cuenta y de inmediato mandó a su guardia real (unos 1.600 efectivos, que no es poco, pero de todos modos insuficiente) que está bajo su mando directo.

Esta vez fue un catástrofe natural, ¿pero qué habría pasado si fuera una invasión militar de una potencia extranjera? ¿También habría que esperar hasta que el gobierno se diera cuenta que estábamos siendo invadidos y mandara al ejército para hacer frente a la amenaza? ¡Es absurdo! El comandante en jefe de todos los ejércitos, que es S.M. el Rey, debe tener plenas competencias para mandar sobre todas las fuerzas armadas del estado que estén bajo disciplina militar así que haya una emergencia que requiera su despliegue, sin tener que esperar una solicitud u orden del gobierno de que ya hemos visto que no está garantizado que llega. En una ley que regule las competencias del jefe de estado habría que definir el concepto de “emergencia” o “situación de normalidad”, cuya ausencia se defina como emergencia.

Volver a empezar

Tiene que haber un antes y un después del catástrofe de la gota fría del 29 de octubre en particular, donde el estado estuvo ausente y el gobierno inoperante, por no decir obstaculizante, con unas 220 víctimas mortales en la fecha de publicación de este artículo. Sin embargo, también tiene que haber un antes y un después del paso de Pedro Sánchez por el gobierno de España en general, un período que empezó en 2018 y ojalá llegue a su fin muy pronto.

Es un período caracterizado por el despotismo sin piedad desplegado durante la pandemia covidiana, la crueldad de las mascarillas para niños a partir de seis años, obligatorias hasta en las clases de ejercicio físico para que calase muy bien el mensaje de que hasta respirar se necesitaría el permiso del gobierno, la absoluta desprotección de propietarios de viviendas ante okupas, la asfixia fiscal de que no se escapa ningún empresario, asalariado, consumidor, inversor, nacido, fallecido, propietario, inquilino, o cualquiera con capacidad de crear la más mínima riqueza, la excarcelación masiva de condenados por terrorismo y asesinato múltiple, la desprotección de mujeres y niños ante toda clase de depravado sexual, la humillante chulería con que los separatistas catalanes y vascos pueden hacer con el estado lo que les venga en gana, la paralizante corrupción que tiene ya a más de un ministro implicado, más a la mujer del presidente de gobierno y muy probablemente también al propio presidente del gobierno y por último la prostitución de la justicia para que esté al servicio de los caprichos de posiblemente la clase política más incompetente, molesta y dañina de la historia de España.

Fundamental es que haya otro tipo de político vocacional y verdaderamente profesional en el sentido de tener el conocimiento, experiencia y corazón para dirigir la causa pública. Esto pasa por un sistema electoral completamente distinto que vincule los políticos a sus votantes y que de poder real a los últimos. Propuestas en esta dirección se publicaron en la primera entrega de la tetralogía “La madre de todas las reformas” https://jfbakker.blogspot.com/2023/11/la-madre-de-todas-las-reformas-el.html. Después habría que hacer reformas profundas para garantizar la absoluta independencia de la justicia de los poderes públicos, analizadas en  https://jfbakker.blogspot.com/2024/09/la-madre-de-todas-las-reformas-el-poder.html. Para limitar el poder de los políticos a favor de los votantes, una bien elaborada ley del referéndum no puede faltar: https://jfbakker.blogspot.com/2024/11/la-madre-de-todas-las-reformas-el.html.

Para impedir que políticos sin escrúpulos pero con gran capacidad de manipulación de masas una vez más se apropien de los poderes del estado a costa de sus ciudadanos, sigue siendo imprescindible que al frente del país esté un jefe de estado que tenga los poderes y la autoridad moral suficientes como para intervenir así que la política deje de funcionar como es debido o se vuelva en contra de los intereses de los ciudadanos. La presente entrega de la tetralogía “La madre de todas las reformas” propone las propuestas pertinentes.

Felipe VI

España tiene la gran suerte y el enorme privilegio de tener un jefe de estado que se toma su cargo muy en serio y en su discurso de proclamación declaró que su mayor deseo era que “los españoles pudieran estar orgullosos de su rey” y este jefe de estado es nadie menos que S.M. Felipe VI de Borbón y Grecia, rey de España.

Después de mencionado discurso se puso de pie en la parte trasera de una limusina, vestido de uniforme de capitán de todos los ejércitos, completamente desprotegido poniendo en riesgo su vida, para hacer un recorrido por las calles de Madrid; cualquier terrorista infiltrado podría haberlo matado. Fue toda una declaración de intenciones, como si supiera lo que le vendría encima. Quedó claro que España estaría en buenas manos. Dio una muy buena sensación, una sensación que se vio confirmado en su célebre discurso del 3 de octubre de 2017 emitido por televisión en que ordenaba a las fuerzas de seguridad del estado a intervenir en Cataluña donde poco antes algunos políticos con delirios separatistas habían intentado perpetrar un golpe de estado proclamando la independencia de aquella región periférica de España.

El último ejemplo de dignidad, valentía y autoridad moral lo dio Su Majestad recientemente en sus visitas a los pueblos golpeados por los efectos de la gota fría en Valencia. Donde el presidente de gobierno salió huyendo ante las primeras protestas por su ausente gestión, Sus Majestades se quedaron con la gente, aguantando los gritos, empujones e insultos, con las caras manchadas de barro, para acto seguido unirse con los damnificados en su tristeza, rabia y dolor. 

En estas visitas Sus Majestades se ganaron el respeto del pueblo español para siempre. Comprobamos con satisfacción que don Felipe VI no solo es rey, sino también verdaderamente jefe de estado y que su mujer, doña Letizia Ortiz, podría ejercer perfectamente de jefa de estado si fuera necesario. A estos soberanos confiaríamos con mucho gusto las competencias mendionadas en el presente artículo para dar solidez, estabilidad y fiabilidad al estado español.

¡Viva el Rey! ¡Viva España!

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